Mi amor deja de leer que tengo ganas de jugar

Entretanto su novio disfrutaba de una plácida sobremesa leyendo un libro, Sandy se acercó por detrás provocativa y con sus braguitas muy húmedas, era la hora de divertirse. La tremenda erección no se hizo de rogar y Sandy comenzó a dar buena cuenta de aquella rápida respuesta con una buena mamadita. El sofá fue testigo y mártir de aquel impulso pasional como alternativa a una tranquila tarde de lectura, al fin y al cabo, un polvo como aquel, estaba escrito.

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